El Consorcio Extremeño de Información al Consumidor (CEIC), dependiente del Instituto de Consumo de la Junta de Extremadura, ha presentado el estudio “Uso de pantallas digitales en niños y adolescentes”, que analiza los hábitos tecnológicos de menores de entre 10 y 16 años a partir de una encuesta a 235 familias de la región.

El informe confirma una digitalización prácticamente completa de la población infantil y adolescente. El 73,2% de los menores dispone de teléfono móvil propio, cifra que se eleva hasta el 85% en el grupo de mayor edad, lo que evidencia la integración total de estos dispositivos en la vida cotidiana.
En cuanto a los hábitos de uso, el estudio señala diferencias significativas entre los días lectivos y los fines de semana. Durante la semana, la mayoría de los menores mantiene un uso moderado, inferior a dos horas diarias. Sin embargo, en fines de semana el tiempo de exposición aumenta notablemente, superando las cuatro horas en más de la mitad de los casos.
El análisis también destaca que el uso de pantallas está dominado por el consumo pasivo de contenidos digitales: el 65,5% de los menores utiliza dispositivos principalmente para ver vídeos, mientras que la creación de contenido es aún minoritaria. Además, se observa un incremento significativo en el uso de redes sociales durante la adolescencia.
Las familias extremeñas muestran una elevada preocupación por los riesgos asociados al entorno digital, entre los que destacan el acceso a contenidos inapropiados, la posible adicción y el ciberacoso. En este contexto, más del 90% de los progenitores demanda formación específica en educación digital para poder afrontar estos desafíos.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la denominada “paradoja de la supervisión”: a medida que los menores crecen y aumenta su exposición a riesgos, disminuye el control parental y se relajan las normas familiares. Esta tendencia pone de relieve la necesidad de reforzar el acompañamiento especialmente durante la adolescencia.
El CEIC subraya la importancia de la implicación conjunta de familias, centros educativos y administraciones públicas para promover un uso responsable, equilibrado y seguro de la tecnología. Entre las principales recomendaciones destacan el establecimiento de normas claras, el refuerzo de la supervisión y el impulso de programas formativos dirigidos a padres y madres.
El estudio concluye que el reto no pasa únicamente por limitar el tiempo de uso de las pantallas, sino por fomentar un uso consciente y educativo que contribuya al desarrollo y bienestar de niños y adolescentes en una sociedad cada vez más digitalizada.







