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Salud Extremadura - Periódico del Servicio Extremeño de Salud Número 71 - Hemeroteca.
Junta de Extremadura - Consejería de Sanidad y Políticas Sociales

Opinión

Traumas sonoros y prevención

22/06/2011
Isidoro Durán Fernández
Graduado social. Especialista en Enfermería del Trabajo

TRAUMAS SONOROS. PREVENCIÓN

Hablamos de traumas sonoros cuando, al efectuar una audiometría, objetivamos en el audiograma resultante un escotoma auditivo o “ muesca” en las frecuencias de 4.000-6.000 Hz. Ya en el Real Decreto 1299/2006 se mencionam expresamente, en la definición de hipoacusias por ruido, las frecuencias de 3.000, 4.000 y 6.000 Hz. Siendo, por lo general, la frecuencia de 4.000 Hz la más precoz y principalmente afectada. A los traumas sonoros están expuestos aquellos trabajadores que se encuentran sometidos diariamente a ruidos continuos cuyo nivel sonoro equivalente sea igual o superior a 80 dbA. Tambien pueden ser ocasionados por los llamados ruidos de “impacto” (superiores a 140 dB).

Para conocer el nivel de contaminación acústica que hay en un lugar determinado, deben efectuarse mediciones con unos intrumentos adecuados denominados sonómetros integradores. Los controles de audición se efectúan (entre otras pruebas complementarias) mediante audiometrías que consisten en exámenes de la agudeza auditiva efectuados con un aparato llamado audiómetro el cual, mediante unos auriculares, envía al paciente objeto del estudio, unos sonidos de distinta frecuencia (Hertzios) en intensidad (decibelios) creciente. Al hablar de “control del ruido”, hacemos alusión a una serie de técnicas y métodos con el objeto de reducirlo hasta niveles inocuos para el hombre. Entre estas medidas se debe considerar la acústica, en la concepción, construcción y modificación (si procede) de los centros de trabajo, sopesando variables como el aislamiento o el área de absorción. La combinación óptima de este binomio (aislamiento y absorción), se consigue con las llamadas cámaras anecoicas. Con esta serie de medidas se pretende acondicionar acústicamente el lugar de trabajo. Es sabido que conseguir “pequeñas” diferencias en la reducción del número de decibelios representa una disminución importante de la energía de un ruido y, por tanto, de su agresividad. Imáginemos que tenemos dos máquinas fresadoras que, en funcionamiento, emiten 60 dbA ca- da una. Sin embargo, funcionando al unísono, producirían unos 63 dbA y no 120 dbA, como ca- bría pensar. Esta “curiosidad” se explica porque el decibelio no es una unidad de medida abso- luta, sino variable. Suele ser unas 10 veces la relación logarítmica entre una cantidad dada y otra que se toma como referencia. Resulta evidente que con disminuir “solamente”, 3 dbA, la contaminación acústica reducida es más que considerable. Sin ningún género de dudas, la prevención es fundamental.

 

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